El ego útil

6/20/2026

Tengo a mi alrededor varias personas que siempre tienen algo que decir sobre sí mismas. Sus frases suelen comenzar con fórmulas horribles como «pues yo», «mira lo que me pasó a mí» o «lo tuyo no es nada, escucha, escucha».

No son mala gente. Al contrario. Se trata de personas fantásticas, pero con graves problemas de comunicación. No son buenos conversadores. Puede que tengan dos o tres inseguridades y traumas no tratados por ahí dentro, pero ese ya no es mi tema.

Centrarnos en nosotros mismos cuando hablamos provoca tres efectos:

  • Ansiedad. La sensación de tener que demostrar algo ocupa tanto espacio dentro de nuestra cabeza que no queda hueco para conectar. Algunas de las preguntas que mucha gente se hace son: ¿Qué estarán pensando de mí? ¿Se estarán riendo de algo que he dicho o hecho? ¿Me recordarán? Revertir ese enfoque, restar atención a lo que pensamos de nosotros mismos, hacer preguntas y pasar al interés por los demás (incluyendo su ego útil) es uno de los métodos más habituales para controlar los nervios y facilitar la conexión.

  • Desconexión. Nadie acude a una conversación para admirarte. Ni a una presentación para contemplar tu brillantez. La gente quiere entender, aprender, sentirse escuchada, reconocida o inspirada. Si no me das eso y vienes aquí a —palabras textuales— hacerte el chulo, no te presto un gramo de mi atención. Cuanto menos alimentes tu propio ego, más espacio tendrás para conectar con el de los demás.

  • Olvido (o un recuerdo amargo). Querer impresionar es la ruta más corta hacia la desaparición. O peor aún, que quede un regusto feo: aquel imbécil prepotente, esa estúpida creída…

Por eso insisto tanto en mis talleres y sesiones sobre la importancia del EGO ÚTIL: el de los demás.

En las conversaciones, no hay nada más sencillo que ganarse a una persona: alimenta, engorda y abrillanta su ego. Haz que se sienta especial, escuchada, valorada. No de forma hipócrita, sino con un interés real. Puede que no penséis igual. Es más, puede que ni siquiera te caiga bien. Da igual. No podemos hacer nuevos amigos todos los días.

En las presentaciones, el ego útil no suele tener voz, pero sí intereses. ¿Qué pueden aprender los que te escuchan de ti? ¿Cómo vas a hacerles reír durante la presentación sin ofender? ¿Serás capaz de hacerles pasar un buen rato y que recarguen su energía mientras les cuentas una historia interesante?

Tengo a mi alrededor varias personas que siempre tienen algo que decir sobre sí mismas. Sus frases suelen comenzar con fórmulas horribles como «pues yo», «mira lo que me pasó a mí» o «lo tuyo no es nada, escucha, escucha».

No son mala gente. Al contrario. Se trata de personas fantásticas, pero con graves problemas de comunicación. No son buenos conversadores. Puede que tengan dos o tres inseguridades y traumas no tratados por ahí dentro, pero ese ya no es mi tema.

Centrarnos en nosotros mismos cuando hablamos provoca tres efectos:

  • Ansiedad. La sensación de tener que demostrar algo ocupa tanto espacio dentro de nuestra cabeza que no queda hueco para conectar. Algunas de las preguntas que mucha gente se hace son: ¿Qué estarán pensando de mí? ¿Se estarán riendo de algo que he dicho o hecho? ¿Me recordarán? Revertir ese enfoque, restar atención a lo que pensamos de nosotros mismos, hacer preguntas y pasar al interés por los demás (incluyendo su ego útil) es uno de los métodos más habituales para controlar los nervios y facilitar la conexión.

  • Desconexión. Nadie acude a una conversación para admirarte. Ni a una presentación para contemplar tu brillantez. La gente quiere entender, aprender, sentirse escuchada, reconocida o inspirada. Si no me das eso y vienes aquí a —palabras textuales— hacerte el chulo, no te presto un gramo de mi atención. Cuanto menos alimentes tu propio ego, más espacio tendrás para conectar con el de los demás.

  • Olvido (o un recuerdo amargo). Querer impresionar es la ruta más corta hacia la desaparición. O peor aún, que quede un regusto feo: aquel imbécil prepotente, esa estúpida creída…

Por eso insisto tanto en mis talleres y sesiones sobre la importancia del EGO ÚTIL: el de los demás.

En las conversaciones, no hay nada más sencillo que ganarse a una persona: alimenta, engorda y abrillanta su ego. Haz que se sienta especial, escuchada, valorada. No de forma hipócrita, sino con un interés real. Puede que no penséis igual. Es más, puede que ni siquiera te caiga bien. Da igual. No podemos hacer nuevos amigos todos los días. Y tampoco somos jueves.

En las presentaciones, el ego útil no suele tener voz, pero sí intereses. ¿Qué pueden aprender de ti? ¿Cómo vas a hacerles reír sin ofender? ¿Serás capaz de hacerles pasar un buen rato y que recarguen su energía mientras te escuchan.

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